Valor de uso, valor de cambio e inteligencia artificial
(Tesis)
Reflexiones marxistas sobre el papel de la IA como
expresión de las contradicciones del capitalismo y su intensificación durante
el periodo de su decadencia
Por Michael Pröbsting, Corriente Comunista Revolucionaria
Internacional (CCRI), septiembre de 2026, www.thecommunists.net
Índice
Valor de uso y valor de cambio: el carácter dual de la
mercancía
Valor de uso y valor de cambio: lucha y unidad de un
antagonismo que tiende a su superación
La IA y la producción de valor
El capitalismo en decadencia y la contracción de la
producción de valor
Desarrollo tecnológico, decadencia civilizatoria y “progreso”
destructivo
La reorganización radical de la sociedad y sus fuerzas
productivas tras la revolución socialista
Prefacio: Las siguientes tesis representan una nueva
contribución de la CCRI al debate crítico sobre la inteligencia artificial —y,
en un sentido más amplio, sobre el “progreso” tecnológico— en la época del
capitalismo en decadencia. Somos conscientes, por supuesto, de que este tema no
se aborda aquí de manera exhaustiva. Estas tesis se basan en nuestro trabajo
previo sobre la materia; concretamente, en nuestros documentos “Inteligencia
artificial: un monstruo Leviatán al servicio de la clase dominante” (https://www.thecommunists.net/theory/rcit-theses-on-artificial-intelligence/#anker)
y “La inteligencia artificial y la comprensión marxista de las fuerzas
productivas” (https://www.thecommunists.net/theory/artificial-intelligence-marxist-understanding-of-productive-forces/).
Para consultar una recopilación de todos los documentos de la CCRI sobre
inteligencia artificial, visite https://www.thecommunists.net/theory/compilation-of-articles-on-artificial-intelligence/.
* * * * *
1. La IA
refleja, de manera particularmente llamativa, la contradicción inherente a la
mercancía entre el valor de uso y el valor de cambio —una contradicción
fundamental del capitalismo— y lleva dicha contradicción al extremo.
2. La IA
encarna y acelera la decadencia del capitalismo que surge inevitablemente de
esta contradicción fundamental. Representa la transformación del desarrollo de
las fuerzas productivas en fuerzas destructivas, así como la tendencia a la
autonegación inherente al propio concepto de capital.
Valor de uso y valor de cambio: el carácter dual de la
mercancía
3. Marx
inicia su análisis del capitalismo —en el tomo I de El capital—
diseccionando la mercancía y su naturaleza contradictoria. Esta contradicción
radica en la oposición entre el valor de uso y el valor de cambio que contiene
la mercancía. Toda mercancía posee un valor de uso; es decir, sirve para
satisfacer necesidades humanas de algún tipo y contribuye a la sustancia
material de la riqueza de una sociedad. Sin embargo, no todo producto creado
mediante el trabajo es una mercancía (por ejemplo, los alimentos cultivados en
el propio huerto o preparados en la cocina para consumo personal; los artículos
producidos en el propio taller para uso personal). Un objeto se convierte en
mercancía solo cuando es producido mediante trabajo humano para su intercambio
en el mercado. El valor de una mercancía está determinado por el tiempo de
trabajo socialmente necesario para su producción. La proporción de trabajo
abstracto incorporado en las mercancías —la sustancia del valor mercantil común
a todas ellas— determina su valor y, en consecuencia, la relación de
intercambio a la que los propietarios de las mercancías las intercambian. El
valor de una mercancía en relación con otras mercancías —es decir, la
proporción a la que pueden intercambiarse— se manifiesta como su valor de
cambio. El valor de cambio es, pues, la manifestación del valor de una
mercancía, mediante la cual Marx distingue diversas etapas de su evolución: la
forma simple, la desarrollada y la forma general del valor, así como la forma
dinero.
4. Al
carácter dual de la mercancía —valor de uso y valor (o valor de cambio)— le
corresponde el carácter dual del trabajo, que Marx describe como “punto eje
en torno al cual gira la comprensión de la economía política”. El trabajo
es, a la vez, concreto y abstracto. El trabajo concreto, mediante el proceso de
interacción con la naturaleza, crea la base material de la mercancía: su valor
de uso. El trabajo abstracto, independientemente de su forma concreta, crea el
valor de la mercancía y, con ello, su valor de cambio. Así, el proceso de
producción de la mercancía constituye la unidad del proceso de trabajo (el
aspecto material) y del proceso de valorización (el aspecto relativo al valor).
Bajo el capitalismo, el valor de cambio domina sobre el valor de uso, y el proceso
de valorización domina sobre el proceso de trabajo; este último sirve al
primero en cada caso.
5. El
objetivo del proceso de valorización capitalista es la creación de la mayor
plusvalía posible, lo que a su vez impulsa la acumulación de capital. Todo
capitalista busca obtener una ventaja aumentando la productividad del trabajo;
es decir, produciendo más mercancías con menos tiempo de trabajo. Si bien esto
puede asegurar una ventaja de mercado a corto plazo para el capitalista
individual, la tecnología recién introducida pronto se extiende a otras
empresas, haciendo que dicha ventaja desaparezca; la carrera por revolucionar
la tecnología de producción y abaratar los costos de producción comienza de
nuevo. A largo plazo, este proceso conduce a un aumento de la composición
orgánica del capital: la proporción de capital variable (salarios de los
trabajadores) dentro del capital total disminuye, mientras que la del capital
constante (maquinaria, materias primas, infraestructura, etc.) aumenta. Otra
expresión de esta tendencia es —desde una perspectiva histórica— la disminución
de la proporción de trabajo productivo y el aumento de la proporción de trabajo
improductivo. Por el primero entendemos el trabajo creador de valor, es decir,
la producción de mercancías en sentido amplio. Por el segundo, nos referimos al
trabajo necesario para la circulación de mercancías (por ejemplo, el comercio)
o para los servicios: trabajo que no crea valor adicional.
6. Estas
tendencias implican, a su vez, que la tasa de ganancia —es decir, la ganancia
en relación con el capital total empleado— cae a largo plazo, dado que la
ganancia deriva de la plusvalía generada por el trabajo vivo y la proporción de
capital variable está disminuyendo. Naturalmente, existen tendencias
contrapuestas; sin embargo, como hemos demostrado repetidamente, la tesis de
Marx sobre la tendencia decreciente de la tasa de ganancia puede corroborarse
empíricamente a escala histórica.
Valor de uso y valor de cambio: lucha y unidad de un
antagonismo que tiende a su superación
7. La
relación contradictoria entre el valor de uso y el valor de cambio, contenida
en la mercancía, refleja la lucha y unidad de los contrarios: la ley más
importante y fundamental de la dialéctica materialista. El valor de cambio no
puede existir sin el valor de uso (mientras que el valor de uso sí puede
existir sin el valor de cambio, dado que en toda formación social —incluidas
las anteriores y posteriores al capitalismo— se producen bienes destinados a
satisfacer necesidades humanas). Al mismo tiempo, sin embargo, el valor de
cambio —o más bien la formación social basada en la producción capitalista de
valor— destruye tanto valores de uso como valores de cambio de forma cotidiana.
Destruye valores de uso en la medida en que elimina físicamente mercancías que
no pueden venderse en el mercado (por ejemplo, alimentos que se destruyen
regularmente porque no logran venderse o simplemente para mantener precios de
mercado elevados). Asimismo, destruye valores de cambio cuando —impulsadas por
la naturaleza cíclica de la acumulación de capital (auge, pico de la expansión
y su posterior enfriamiento, recesión)— las mercancías se venden muy por debajo
de su valor durante ciertas fases del ciclo económico, o cuando las empresas y
sus activos físicos se ven obligadas a cerrar por completo.
8. La lógica
de destrucción inherente a la producción capitalista de valor se manifiesta
también en el hecho de que el capital —que por su propia naturaleza es un
monstruo voraz que aspira a la producción y acumulación de plusvalía lo más
rápidas posible— busca explotar la fuerza de trabajo y la naturaleza con la
mayor intensidad posible, centrándose en la valorización a corto plazo. Esto
conduce a una explotación de tal magnitud que tanto los trabajadores como los
recursos naturales sufren un desgaste creciente. Para el capital, el mañana no
existe; solo cuenta el beneficio de hoy. Históricamente, esto ha provocado en
repetidas ocasiones crisis existenciales para el capitalismo. Solo mediante
intervenciones de la clase trabajadora (luchas masivas en defensa de sus
intereses, como la reducción de la jornada laboral, las normas de seguridad en
el trabajo, etc.) y de representantes políticos de la burguesía con visión de
futuro (quienes, por ejemplo, temían por la aptitud militar de trabajadores
demacrados) se pudo contener temporalmente la codicia desenfrenada del capital.
Sin embargo, en el actual periodo de decadencia capitalista, la tendencia a la
destrucción de los seres humanos y de la naturaleza se está volviendo cada vez
más agresiva.
9. El valor
de uso y el valor de cambio son, por tanto, fundamentalmente distintos en su
esencia. El propósito del valor de uso reside en la satisfacción de las
necesidades humanas; se mide, pues, en términos de utilidad, calidad y
sostenibilidad. El propósito del valor de cambio, en cambio, no es la
satisfacción de necesidades humanas —que sirve meramente como medio para un
fin—, sino la creación de valor y, con ello, de plusvalor para el empresario,
lo que conduce a la acumulación de valor y, consecuentemente, de capital. El
valor de cambio de una mercancía se mide, por tanto, según la rapidez, la
rentabilidad y la frecuencia con que se vende; a diferencia del valor de uso,
no se mide por la calidad, sino por la cantidad.
10. Debido a
sus naturalezas opuestas, el valor de uso y el valor de cambio tiran en
direcciones diferentes. Desde la perspectiva del valor de cambio, la mercancía
tiende a la satisfacción más rápida posible de la “necesidad” de acumulación de
capital. Marx resumió este proceso —la circulación de mercancías— en la fórmula
Mercancía-Dinero-Mercancía (M-D-M) o, alternativamente, en la “fórmula
general del capital”: Dinero-Mercancía-Dinero (D-M-D’). ¡Cuanto más rápida
sea la rotación, mejor! Desde la perspectiva del valor de uso, sin embargo, la
mercancía tiende a la satisfacción más plena y sostenible de las necesidades;
un proceso que también podemos describir mediante la fórmula Valor de
uso-Trabajo-Valor de uso (VU-T-VU). Aquí, el objetivo no es una rotación
rápida, sino una rotación que sirva a fines humanos. La lógica del valor de
cambio se orienta, pues, hacia la rápida destrucción y la nueva valorización,
mientras que la lógica del valor de uso se centra en la intensidad y la
sostenibilidad.
11. La
oposición entre valor de uso y valor de cambio puede entenderse también de este
modo: el valor de la mercancía como valor de cambio (aquí nos referimos al
valor en sentido coloquial) reside fuera de la propia mercancía —o más bien, en
su negación (su transformación en capital)—, mientras que el valor de la
mercancía como valor de uso reside en la propia mercancía (como producto para
satisfacer necesidades humanas).
12. Podemos
decir, por tanto, que el valor de uso representa el punto de vista de la clase
trabajadora, mientras que el valor de cambio representa el de la burguesía.
(Como explicaremos más adelante, con esto no pretendemos fetichizar las formas
concretas del valor de uso bajo las condiciones del proceso de valorización
capitalista, ni tampoco la estructura resultante de las necesidades humanas).
La contradicción entre valor de uso y valor de cambio inherente a la mercancía
—o, expresada en el plano político-social, la contradicción entre la burguesía
y el proletariado dentro de la formación social capitalista— debe, en última
instancia, romper esta unidad de contrarios y elevarla a un plano superior. La
clase trabajadora derroca al capital e instituye un orden social socialista;
los productos del trabajo social se despojan de su carácter de mercancía y se
convierten en bienes destinados a la satisfacción general de las necesidades.
Por tanto, el valor de uso y el valor de cambio encarnan la lucha y la unidad
de una oposición que tiende a su propia superación. Aquí también se aplica la
ley de la dialéctica materialista: la unidad (de los contrarios) es relativa,
pero el movimiento (la lucha de los contrarios) es absoluto.
La IA y la producción de valor
13. La IA lleva
al extremo, en varios aspectos, la contradicción entre valor de uso y valor de
cambio inherente a la mercancía. En primer lugar, el uso de la IA —en
combinación con máquinas y robots totalmente automatizados— permite un aumento
masivo en la producción de mercancías, es decir, de valores de uso. Sin
embargo, al mismo tiempo, estos bienes poseen poco o ningún valor intrínseco
(valor de cambio) y, por consiguiente, generan escasa o nula plusvalía para el
capital. De este modo, el proceso socava los fundamentos del modo de producción
capitalista, el cual se basa en la obtención de beneficios.
14. En segundo
lugar, el creciente uso de la IA conduce a un aumento en la producción de
valores de uso solo hasta cierto punto. Esto se debe a que un número cada vez
mayor de bienes existe únicamente en formato digital. Esto no significa que los
bienes digitales carezcan de valor de uso; basta con pensar en el software
informático útil. No obstante, una cantidad creciente de productos generados
por IA tiene como objetivo crear y expandir un mundo virtual, que abarca desde
videojuegos, redes sociales y películas hasta reuniones virtuales en lugar de
presenciales. Sin embargo, los seres humanos son criaturas sensibles y
sociales; aspiran a la comunidad con los demás y a la interacción con el mundo
natural. Reiteramos que de ninguna manera negamos el valor limitado del ámbito
digital; no obstante, el mundo virtual puede, en el mejor de los casos,
complementar el mundo sensible, pero no reemplazarlo.
15. En cierto
sentido, la IA actúa como un espejo para el capitalismo, reflejando su propia
autonegación o, más exactamente, su ocaso. Un capitalismo sin producción de
valor es un capitalismo sin valor ni capital; por consiguiente, no puede
existir y está condenado al colapso. Naturalmente, esto no debe entenderse en
un sentido esquemático. En primer lugar, es preciso derrocar a la clase
dominante; esta no renunciará voluntariamente a su poder y riqueza. En segundo
lugar, la sentencia de muerte del capitalismo no se pronuncia únicamente cuando
el último obrero fabril ha sido reemplazado por una máquina. Más bien, el
factor decisivo es la relación entre la masa de plusvalía y el capital total
empleado (tanto variable como constante), ya que esto constituye la base de la
tasa de ganancia. El capitalismo en decadencia se caracteriza por la tendencia
decreciente de la tasa de ganancia. La introducción de la IA acelerará
inevitablemente este descenso de la tasa de ganancia, pues aumenta enormemente
la cantidad de capital constante empleado (máquinas, materias primas, centros
de datos, etc.), mientras que la proporción de trabajo vivo (capital variable)
—la base misma sobre la que se genera la plusvalía— disminuye
proporcionalmente.
16. Los
marxistas hablan de una tendencia al estancamiento de las fuerzas productivas
que prevalece en el capitalismo en decadencia. Esto no se refiere, por
supuesto, a una paralización de la producción ni a una ausencia de innovación
tecnológica; tales fenómenos han existido siempre a lo largo de la historia del
capitalismo. Más bien, por estancamiento de las fuerzas productivas entendemos
la creciente destrucción de los fundamentos de la existencia humana y el
deterioro de las condiciones de vida y reproducción de la clase trabajadora y
las masas populares, la desaceleración del crecimiento económico capitalista
(incluida la disminución de la tasa de inversión de capital) y una creciente
tendencia a la crisis.
17. Los
defensores de la fantasía decadente del “comunismo de lujo totalmente
automatizado” (por ejemplo, Aaron Bastani, Nick Srnicek, Alex Williams)
sostienen que la liberación de la humanidad será el resultado del “avance de
la automatización y, en última instancia, de la inteligencia artificial”.
En realidad, sin embargo, la IA actúa como un espejo para el capitalismo,
reflejando su propia autonegación en un sentido completamente distinto: a
saber, su inevitable caída impulsada por la contradicción cada vez más aguda
entre una masa de valor en declive relativo y unas inversiones de capital
crecientes, así como por el drástico aumento de la desintegración social, las
crisis políticas y las guerras.
18. Los
defensores de la IA suelen señalar el enorme aumento de la productividad
laboral que esta posibilita. Sin embargo, este argumento pasa por alto un
problema arraigado en la contradicción fundamental del capitalismo. La
introducción de la IA permite, indudablemente, una mayor productividad en
términos de un mayor volumen de mercancías como valores de uso (sujeto a las
limitaciones ya mencionadas respecto a la calidad de dichos valores de uso). No
obstante, como se ha señalado anteriormente, el valor de uso y el valor de
cambio constituyen una oposición (interconectada) y no son, en absoluto,
idénticos. Y es que la introducción de tecnologías modernas —y de la IA en
particular— reduce drásticamente el valor (o valor de cambio) incorporado en
cada mercancía individual. Sin embargo, en el contexto de la producción
mercantil ampliada, la acumulación de capital está impulsada únicamente por la
perspectiva de aumentar el valor y obtener el beneficio resultante, no por la
posibilidad de crear más valores de uso. En consecuencia, la introducción de
nuevas tecnologías —y de la IA en particular— no conduce a un aumento, sino más
bien, a largo plazo, a una desaceleración del crecimiento de la productividad.
Como hemos demostrado en otros trabajos, esto también puede verificarse
empíricamente en el último medio siglo, periodo durante el cual la introducción
de ordenadores, robots industriales e Internet no condujo a una aceleración,
sino a una disminución de la tasa de crecimiento de la productividad.
El capitalismo en declive y la contracción de la
producción de valor
19. El ideal de
la IA es una producción en fábricas desprovistas de trabajadores humanos y el
uso de robots que sustituyan a los seres humanos tanto en la vida civil como en
la militar. En última instancia, sin embargo, esto implicaría una formación
económica y social capitalista que funcionara sin clase trabajadora; es decir,
sin trabajo humano vivo. Este es, sin duda, el ideal de todos los capitalistas,
ya que les ahorra costes salariales y conflictos con los trabajadores. No
obstante, se trata de una fantasía totalmente utópica, pues el capitalismo no
puede existir sin la producción de valor. Podría objetarse que tal escenario
distópico de una economía sin seres humanos es, en cualquier caso, poco
realista. Ciertamente es así, dado que el desarrollo no avanza de forma lineal,
sino a través de contradicciones, y las fábricas sin humanos no se convertirán
en el rasgo económico dominante en un futuro previsible. Sin embargo, existe
una tendencia en esta dirección que tendrá repercusiones enormes en todos los ámbitos
de la sociedad.
20. La IA ya se
está desplegando en el sector militar, permitiendo que la maquinaria de muerte
lleve a cabo su labor con una velocidad aún mayor. Es bien sabido que el
ejército israelí ha empleado la IA en su genocidio en Gaza, donde los
algoritmos de IA asumen cada vez más la selección de objetivos y la
determinación del momento de los ataques. Además, la IA está penetrando
significativamente en la seguridad fronteriza y en el aparato policial y de
vigilancia estatal —particularmente en las redes sociales, donde se utiliza
para monitorear quién escribe qué, así como para el pirateo informático, las
campañas de desprestigio y la difamación. El mundo laboral también se enfrenta
a la amenaza de una transformación drástica; según un estudio de McKinsey,
hasta el 57 % de todas las horas de trabajo en EE. UU. podrían ser reemplazadas
por la IA. La velocidad a la que se propaga la IA resulta especialmente
llamativa. Según un estudio reciente de la Oficina del Censo de EE. UU., solo
el 12 % de las empresas industriales utilizaba robots industriales en 2021,
sesenta años después de su introducción. En 1997, apenas el 49,8 % de los
trabajadores utilizaba ordenadores, una generación después de su creación. Sin
embargo, según un estudio reciente de la Reserva Federal de San Luis de
noviembre de 2025, el 54,6 % de los adultos en EE. UU. ya utilizaba IA, ¡y esto
apenas tres años después del lanzamiento de ChatGPT!
Desarrollo tecnológico, decadencia civilizatoria y “progreso”
destructivo
21. De esto se
derivan diversas consecuencias. En primer lugar, la expansión de la IA durante
un periodo de decadencia capitalista conduce a profundas convulsiones sociales.
La destrucción masiva de empleos, el aumento de la vigilancia (tanto en las
calles como en el ámbito digital), el incremento de la pobreza y la represión:
todo ello solo puede conducir a una mayor conflictividad social y a luchas de
clases políticas. Asimismo, la creciente militarización que tiene lugar en un
periodo de intensa rivalidad interimperialista y de conflictos entre naciones
imperialistas y semicoloniales conducirá inevitablemente a más guerras. No cabe
duda: ¡estamos bailando sobre un volcán!
22. La
tendencia inherente del capitalismo a dañar —e incluso destruir— a la humanidad
y a la naturaleza se despliega con una agresividad cada vez más desenfrenada
durante su fase de decadencia. El valor de cambio pugna por aniquilar el valor
de uso, socavando así la base misma de su propia existencia. Esto lo vemos con
especial claridad hoy en día en el creciente número de guerras; ...el creciente
empobrecimiento de las masas y las consiguientes oleadas de refugiados; la
destrucción de los fundamentos naturales de la existencia humana, que culmina
en la catástrofe climática; la cantidad creciente de microplásticos en el
cuerpo humano, incluido el cerebro (a través de la barrera hematoencefálica),
con consecuencias aún desconocidas y potencialmente muy nocivas; el impacto
masivo que el despliegue desenfrenado de la IA y sus necesarios centros de
datos tiene sobre el suministro de agua y energía de la población; y la
creciente alienación del individuo (un aumento del aislamiento social impulsado
por la virtualización y digitalización de la vida cotidiana, con las
consiguientes consecuencias negativas a nivel intelectual y mental), entre
otras cosas. La destrucción capitalista de la naturaleza pone en peligro los
fundamentos de la vida —y, por tanto, los propios valores de uso indispensables
para la reproducción de la fuerza de trabajo—. Cuando Marx, en el tomo III de El
Capital, lamentaba la “ruptura irreparable” en el metabolismo entre
la humanidad y la naturaleza, esa observación sigue siendo válida hoy —más de
150 años después— en una medida aún mayor. La producción de valores de cambio
va acompañada cada vez más de la destrucción de valores de uso, y la IA acelera
este proceso exponencialmente.
23. Asimismo,
la IA lleva al extremo la alienación del trabajador —causada por la forma
capitalista de la división social del trabajo y el uso de maquinaria—. La IA no
solo restringe la participación creativa del trabajador en el proceso de
producción (reduciéndolo a un mero apéndice que realiza tareas parciales), sino
que simplemente lo reemplaza, excluyéndolo por completo del proceso laboral. Es
más, la IA llega incluso a sustituir a los seres humanos en la toma de
decisiones. El trabajador se aliena no solo de su producto, sino de todo el
proceso laboral. La IA no provoca meramente alienación, sino la “expropiación”
y el desplazamiento del trabajador de los cimientos de la sociedad: su proceso
de producción.
24. Como
marxistas, por supuesto, no nos oponemos en absoluto al progreso tecnológico.
Sin embargo, no todo desarrollo de las fuerzas productivas constituye un
verdadero progreso social; tal progreso debe servir al empoderamiento humano y
no a la inversa —situación en la que los seres humanos sirven al progreso
tecnológico o quedan impotentes ante él—. Como hemos argumentado en otras
ocasiones, rechazamos rotundamente el fetichismo de las fuerzas productivas tan
extendido en la izquierda reformista. Se trata simplemente de una variante del
fetichismo de la mercancía denunciado por Marx y refleja, en última instancia,
el hecho de que amplios sectores de la izquierda han adoptado la mentalidad
capitalista.
25. En efecto,
el capitalismo en decadencia se caracteriza por la intensificación de su
tendencia inherente a que "las fuerzas de producción y las formas de
intercambio... bajo el imperio de la propiedad privada se convierten en fuerzas
destructivas" (Marx/Engels). Esto se evidencia en el desarrollo de
fuerzas productivas que sirven exclusivamente para la destrucción (por ejemplo,
la industria armamentística); que —al menos cuando se despliegan a gran escala—
causan daños drásticos y duraderos al mundo natural (por ejemplo, centrales
nucleares, automóviles, aviación); que están diseñadas para tener una vida útil
corta o una escasa reciclabilidad (por ejemplo, teléfonos móviles, productos
textiles); y así sucesivamente. Esta tendencia de las fuerzas productivas a
transformarse en fuerzas destructivas va, por tanto, de la mano de una
deformación de los valores de uso y de una decadencia civilizatoria. Los
valores de uso quedan sujetos a la lógica del valor de cambio (“tauschwertisiert”);
son moldeados y degradados para servir a la acumulación de capital en lugar de
a la utilidad humana. Esto conduce a una degeneración del modo de vida bajo el
capitalismo en decadencia. Por citar solo algunos ejemplos, cabe señalar la
desolación de vastas zonas rurales y la concentración extrema de población en
las grandes ciudades —con todos los efectos perjudiciales que ello conlleva
para la salud física y mental—; la expansión del ámbito digital (redes
sociales, videojuegos, Netflix, etc.), que provoca un declive en la
participación social y en la actividad humana; o la enorme acumulación de
productos textiles y envases no reciclables. Así, los logros tecnológicos de
vanguardia sirven para socavar los fundamentos de la existencia humana y
fomentar el aislamiento social, impulsando el "progreso" destructivo
de la civilización. En otras palabras, la difusión de la IA acelera el proceso
de decadencia civilizatoria provocado por el capitalismo; una decadencia que
enfrenta cada vez más a la humanidad a la alternativa de "socialismo o
barbarie" (Rosa Luxemburgo).
26. El alcance
creciente de la IA intensifica cualitativamente la naturaleza expansiva y
agresiva del capital monopolista. Como ya se ha señalado, si bien la IA
transfiere valor —aunque en una medida cada vez menor— (concretamente, el
tiempo de trabajo socialmente necesario de la fuerza de trabajo que interviene
en su desarrollo), no produce valor por sí misma, ya que en su producción no
interviene trabajo vivo. En consecuencia, la plusvalía —y, por ende, la
ganancia— del capital monopolista basado en la IA depende cada vez más de la
apropiación del valor creado por el trabajo vivo en otros sectores del capital.
Esta tendencia siempre ha existido en el capitalismo. Las grandes corporaciones
capaces de introducir maquinaria y tecnologías más modernas y altamente
productivas —lo que significa que explotan menos trabajo vivo y operan con un
capital de mayor composición orgánica— pueden apropiarse de una parte mayor de
la masa total de plusvalía de la que ellas (o, más bien, sus trabajadores) han
producido realmente. Esto constituye la base de la plusvalía extraordinaria. A
esto se suma el beneficio de monopolio, que dichas corporaciones pueden obtener
gracias a su posición monopolística (por ejemplo, mediante la manipulación de
precios o el control de la oferta de bienes en el mercado). Sin embargo, la
rápida proliferación de la IA sitúa esta tendencia inherente del capitalismo en
un nuevo escenario, ya que los monopolios que despliegan la IA generan poca o
ninguna plusvalía propia. Como resultado, estos monopolios se ven obligados a
actuar de manera aún más expansiva y agresiva frente a otros capitalistas.
27. En cierto
sentido, lo mismo se aplica a las grandes potencias imperialistas, cuyas
economías dependen cada vez más de la IA. Esto es así por dos razones
principales. Por un lado, la creciente adopción de la IA —que tiene lugar
principalmente en el seno de los Estados imperialistas— acelera el potencial de
expansión del Estado policial y de vigilancia. Al mismo tiempo, como se ha
mencionado anteriormente, aumenta la inestabilidad social, tanto dentro de los
propios Estados como entre ellos. En segundo lugar, la IA acelera una tendencia
que ha cobrado cada vez más importancia en las últimas décadas: el
desplazamiento de la producción de valor capitalista desde los países
imperialistas occidentales hacia el Sur semicolonial y los Estados
imperialistas de Oriente (particularmente China). Tal como expusimos en nuestro
libro El gran robo en el Sur, el trabajo productivo —especialmente la
producción industrial— se realiza cada vez más fuera de Europa Occidental,
América del Norte o Japón. Esto implica, entre otras cosas, que la plusvalía se
genera cada vez más fuera de los antiguos Estados imperialistas. En
consecuencia, estos Estados occidentales —o, mejor dicho, sus monopolios—
dependen cada vez más del Sur Global y de las grandes potencias orientales; se
ven obligados a desplegar su poderío militar para mantener el control sobre una
parte proporcional de la plusvalía mundial. Por todas estas razones, la
política exterior del imperialismo se vuelve cada vez más agresiva y
militarista, mientras que su política interna deriva hacia el bonapartismo.
28. Otro
paralelismo entre la IA y el capitalismo es que ambos tienden a superar a sus
"inventores". El capitalismo se expande y los beneficios aumentan;
sin embargo, "de repente", el auge se convierte en recesión, y un
largo periodo de crecimiento termina abruptamente en estancamiento económico o
en una gran guerra. Ningún capitalista ni la clase dominante planean esto; no
obstante, las contradicciones inherentes al capitalismo fuerzan un desarrollo
que no previeron. La situación con la IA es similar. Se concibe únicamente para
hacer la producción más rápida y barata, pero de repente desarrolla "vida
propia", penetra en otros sistemas y consume tanta electricidad que socava
los fundamentos naturales de la sociedad, pudiendo incluso llegar a provocar
guerras en el futuro.
La reorganización radical de la sociedad y de sus fuerzas
productivas tras la revolución socialista
29. La
tendencia antes mencionada de que los valores de cambio destruyan los valores
de uso se intensifica durante el periodo de decadencia capitalista. La
destrucción de la naturaleza mediante el cambio climático, el agotamiento del
suelo por el uso agresivo de pesticidas, la escasez de aguas subterráneas
causada por las olas de calor y la construcción de centros de datos para la IA,
etc.: todo ello representa una amenaza creciente para los fundamentos
civilizatorios de la humanidad.
30. La salida
no reside en la "regulación de la IA" (¿por parte de quién?, ¿de los
monopolios de la IA o de los gobiernos y burocracias aliados con las
corporaciones?) ni en esperar al socialismo para aplicar entonces la IA bajo
condiciones diferentes. Más bien, la tarea consiste en organizar la lucha
decidida de la clase trabajadora y de las masas populares contra el Leviatán
capitalista de la IA y su expansión; una lucha que debe vincularse a la
transformación revolucionaria de la sociedad y a la construcción de una
sociedad socialista mundial.
31. Tal
sociedad socialista emprenderá de inmediato una redistribución radical de la
riqueza social. Esta redistribución no solo concierne a la eliminación de la
desigualdad material extrema —tanto dentro de cada país como entre ellos,
particularmente entre los centros imperialistas y la gran mayoría de la
población mundial que vive hoy en países semicoloniales—. Dicha redistribución
también conlleva la puesta en marcha de un fondo de inversión social basado en
un plan a largo plazo y con amplia participación pública, con el objetivo de
lograr lo siguiente:
i) la mejora más rápida posible de las condiciones de vida
de los pueblos en los países pobres del Sur Global;
ii) la reversión (en la medida de lo posible) del enorme
daño que el capitalismo ha infligido a la naturaleza y a las condiciones de
vida humanas;
iii) la reestructuración radical de las fuerzas productivas
para que fomenten una relación simbiótica entre la humanidad y la naturaleza,
así como el empoderamiento humano y la superación del aislamiento, en lugar de
—como ha sucedido hasta ahora— la “ruptura metabólica” entre la humanidad y la
naturaleza y la “desocialización de los seres humanos y deshumanización de
la sociedad”;
iv) la transformación fundamental del modo de vida de las
personas (vinculada al punto iii): alejándose del aislamiento consumista y
pasivo en el que los seres humanos creen poder hallar satisfacción fuera de sí
mismos mediante la acumulación insaciable de bienes, y avanzando hacia un modo
de vida en el que las personas, partiendo de la prosperidad material,
configuren activamente la vida social en colaboración con los demás y en
armonía con la naturaleza.
Los avances científicos y tecnológicos de vanguardia
desempeñarán un papel indispensable en este proceso de transformación social,
sirviendo —no como obstáculos, sino como herramientas— para establecer una
relación sostenible entre la humanidad y la naturaleza y una relación armoniosa
entre los pueblos. La sociedad debatirá y decidirá democráticamente si la
inteligencia artificial puede desempeñar un papel beneficioso para la
humanidad, y de qué manera. De este modo, se superarán la distorsión radical de
las fuerzas productivas provocada por el capitalismo y el estilo de vida
decadente de un orden social en declive —basado en la propiedad privada de los
medios de producción—, siendo sustituidos por la civilización del socialismo,
fundamentalmente nueva y armoniosa, configurada por el propio pueblo.
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