Por una campaña de solidaridad
con el pueblo cubano sin apoyo a la dictadura castrista
Por Jorge Arboleda, Corriente
Comunista Revolucionaria, 3 de febrero de 2026, www.bit.ly/ccrimexico
La semana pasada Claudia
Sheinbaum hizo malabares para justificar que México ha dejado de enviar
petróleo a Cuba, que era parte de su política de solidaridad histórica. Dijo
que fue una decisión unilateral de PEMEX, y que no tenía nada que ver con la
prohibición que acaba de imponer Trump sobre México y Venezuela, como parte de
su estrategia de estrangular a la isla caribeña. Sin embargo, en su
contradicción, la presidenta protestó públicamente contra esta prohibición de
Washington para cualquier país que venda o regale petróleo a Cuba so pena de
enfrentar aranceles. El argumento que dio Sheinbaum es correcto, pues mencionó
que negar el petróleo a Cuba podría desatar una crisis humanitaria de gran
alcance, y esto es debido a que Cuba enfrenta ya una severa crisis energética,
producto de su dependencia al imperialismo chino, así como al petróleo de
México y de Venezuela, y por su incapacidad para mantener funcionando su propia
infraestructura eléctrica, pues la prioridad del gobierno cubano actualmente es
mantener el control sobre sus clases oprimidas.
La relación que ha tenido México
con Cuba ha sido siempre contradictoria, pero en esencia, ha sido fraterna. El
pueblo mexicano desde el inicio fue solidario con la revolución cubana, sin
embargo, los principales amigos en México de la burocracia castrista se
encontraban en el PRI. Uno de los principales facilitadores de la incursión de
los hermanos Castro y el Che Guevara hacia Cuba desde México fue el capitán de
la Policía Federal de Investigación, Fernando Gutiérrez Barrios, quien años
después estuviera a cargo del ataque de falsa bandera que llevó a cabo el
Batallón Olimpia, y que diera inicio a la masacre de Tlatelolco en 1968. Desde
esa amistad que hubo entre el funcionario priista con Fidel y Raúl Castro, se
construiría una amistad truculenta entre los gobiernos de México y Cuba. Por un
lado, el pueblo mexicano en solidaridad y simpatía con la revolución cubana, y
por otro, el gobierno liderado por la dictadura priista, que reprimía y
asesinaba a cualquier movimiento inspirado en lo que los Castro hicieron en su
país, pero con una fuerte amistad con el régimen castrista. Parte de esta
amistad fue la venta a precios bajos de petróleo mexicano a través de PEMEX, incluso
condonando o renegociando la deuda que el gobierno cubano no pagaba, acompañado
de una constante petición de levantar el bloqueo y el embargo a Cuba. Si bien
no existen evidencias documentadas, un rumor que ha circulado mucho tiempo
entre círculos marxistas, es que existe (o existió) un pacto de solidaridad
entre el gobierno mexicano y el gobierno cubano a cambio de que Cuba nunca
apoyara directa o indirectamente ningún movimiento marxista o guerrillero en
México. También se sospecha que la relación que existía de políticos y
empresarios mexicanos con el régimen cubano estaba marcada por una fuerte
presión de la CIA por que México fungiera como informante.
Más allá de cualquier intriga al
respecto, la realidad es que existe una histórica relación de hermandad entre
el pueblo mexicano y el cubano, la cual en estos momentos debe ser invocada
para exigir al gobierno de Claudia Sheinbaum que muestre un poco de carácter y
que desafíe al imperialismo yanqui en su reciente prohibición de proveer
petróleo a Cuba, pues independientemente de nuestro repudio a la dictadura que
encabeza hoy Díaz Canel, las clases oprimidas de la isla caribeña se encuentran
en una dificultad para llevar a cabo su vida cotidiana, pues no podrían
transportarse, ni conservar adecuadamente sus alimentos, y los hospitales
carecerían de energía para trabajar. Con esto, Trump no está buscando un cambio
de régimen en la isla, sino estrangular a su población para que la burocracia
castrista ceda a sus demandas, un chantaje sumamente sucio que pone en riesgo
al pueblo cubano.
Desde México y desde el resto de
América Latina debemos presionar a nuestros gobiernos a que desafíen al
imperialismo yanqui; primero para permitir la entrega de ayuda humanitaria a
Cuba, y lo más importante, para rechazar la injerencia imperialista que se ha
mantenido y aumentado en tiempos recientes. Los revolucionarios debemos alentar
por una revolución auténticamente proletaria en Cuba que permita a los
trabajadores tomar control de su economía y sus industrias, para eliminar a la
burocracia castrista y para dejar de depender del imperialismo chino. Asimismo,
debemos combatir al imperialismo yanqui desde nuestras trincheras, y para ello
la organización obrera internacionalista debe ser nuestra principal
herramienta.
¡Por una América Latina libre
del imperialismo!
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